Leído en El País.
Si un político antepone sus creencias religiosas a los intereses de los gobernados puede incurrir en traición a la sociedad. A no ser que, explícitamente, sin ambigüedad, indique que así actuará. En ese caso, los votantes ya saben a qué se atienen.
Pero esto crea un conflicto con la Constitución, que ampara al que no desea revelar sus creencias.
Si me piden el voto preguntaré que harán si su credo entra en contradicción con una demanda social que no aparece en el programa electoral. Si no responden, ya responden.
El Papa nos lo ha servido en bandeja a los laicos.
miércoles, 14 de marzo de 2007
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